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Este artículo está extraído del libro «Royo. Una familia, una empresa, un legado», escrito con motivo del 50 aniversario de nuestra actividad empresarial.

Cada mes, desde Invext Corporation, compartimos una píldora de nuestra historia, llena de múltiples aprendizajes y valores que ayudan a entender de dónde venimos, hasta dónde hemos llegado y cuáles queremos que sean nuestros próximos pasos. Esperamos que compartir nuestra visión pueda ayudar o inspirar a otras familias empresarias a creer que la mejor manera de honrar un legado es crearle un nuevo futuro.

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Royo Group: Industrialización e internacionalización

De los inicios en aquel pequeño taller de Benicalap poco a poco y con mucho trabajo nuestros padres fueron haciendo crecer la empresa. Fue en 1981 cuando nuestro padre dio el gran salto: trasladar el negocio a una nave de 1.200 metros cuadrados en el polígono de Quart de Poblet, localización en la que se encuentra ahora la fábrica actual, y que se fue ampliando con el paso de los años.

El crecimiento de esos primeros años no hubiera sido posible sin Mari Carmen, Montse y Aurelio, la mano derecha de nuestro padre. Durante ese tiempo la empresa creció muchísimo en número de trabajadores y, si entre 1982 y 1986 Royo empleaba a 50 personas, de 1987 a 1991 pasaría a emplear al doble de personas y a alcanzar los 800 puntos de venta en España.

Una vez la compañía cubrió todo el territorio nacional, se produjo uno de los grandes hitos de Royo Group: la exportación. Ocurrió en 1992 y empezamos a vender en Austria gracias a un representante, después vino un cliente de Alemania que empezó pidiendo un camión -y del que nuestro padre al principio pensó que era “un poco fantasma”- que, progresivamente, fue demandando más producto y respondiendo bien. Ante el volumen de los pedidos internacionales, nuestro padre empezó a buscar nuevas instalaciones para seguir creciendo y poder asumir estos nuevos encargos.

Hacía falta más espacio y profesionalizar los procesos, fue entonces cuando la empresa dio el salto cualitativo al introducir nuevos medios materiales de producción e incorporar a los primeros profesionales de gestión. Lo que hizo que Royo no estuviera solo presente internacionalmente en Alemania y Austria, sino que tuviera también su espacio en los mercados belga y holandés.

Para poder ampliar las fábricas, que se construían durante el día, los trabajadores se comprometieron en el proyecto y aceptaron trabajar en turnos nocturnos. Al finalizar la obra, a modo de agradecimiento, se celebró una gran fiesta inaugural. Ese mismo compromiso quedó demostrado cuando en 1999 se incendió la planta de pintura y los trabajadores contribuyeron enormemente a que la fábrica retomara cuanto antes su actividad. Ahí nuestro padre fue consciente de que no solo bastaba con su esfuerzo y el de la familia, sino que para que la empresa avanzara dependía de todo el equipo humano que formaba parte de ella.

Y es que todo este crecimiento no podría haber sido posible sin el esfuerzo y la aportación de todos los trabajadores.

De esta etapa podemos extrapolar varias enseñanzas empresariales:

  1. Sigue tu intuición y aprende haciendo: El primer paso es siempre el más difícil, poner en valor la intuición (forjada por la experiencia) en este decisivo momento es clave para arrancar un proyecto empresarial. El miedo o la aversión al riesgo no desaparecen, pero hay que saber convivir con ellos y seguir caminando para aprender. Emprender y hacer es la mejor manera de hacer realidad tus sueños, y también equivocarte, levantarte y aprender para volver a intentarlo.
  • No dejar escapar la oportunidad: Hay que prestar atención a las oportunidades y aprovecharlas. Invertir en tecnología, personas e infraestructuras permite dar respuesta a las necesidades que se van generando.
  • El verdadero valor de una empresa son sus empleados. Cuando el proyecto crece, las personas son la clave para conseguirlo.

La mejor forma de honrar un legado es crearle un nuevo futuro.

Raúl Royo- presidente y consejero delegado de Royo Group